¿Qué tiene Sarah Mason para haber sido la portada de Time? Nada en especial dirán. Tiene 25 años, vive en Los Ángeles y trabaja en una galería de arte. ¿Algún mérito? Tal vez, y sólo tal vez, hayan sido sus ojos profundos, o sus cejas arqueadas. Al menos es lo único que se le ve, sobre ese pañuelo blanco que le tapa el resto del rostro, y el gorro de lana con que cubre su cabeza. Sarah dejó atrás en la votación nada menos que a Leo Messi, entre otras figuras de distintos ámbitos a nivel mundial, como el artista chino Ai Wei Wei, detenido por sus críticas al régimen de Pekín. La diferencia fue lógica. La mayoría de los nominados para la portada son individualidades, más allá de sus logros. Pero Sarah... Sarah no. Ella "es" la imagen del manifestante, de la persona que se rebela ante la injusticia, de la que lucha por sus derechos, de la que quiere un mundo mejor, con reglas más justas y menos desigualdades. Ella es una imagen nueva para el "primer" mundo. No tanto para nosotros, más acostumbrados a las protestas sociales, aunque el cambio no sea tan rápido como quisiéramos. Sarah es la representación de una frase para muchos pueril: "la unión hace la fuerza". Porque Sarah no puede hacer nada contra el sistema por si misma. Necesita de otros, y otros necesitan de ella. En la tapa de Time no se ve (en realidad es un dibujo), pero en la foto que sirvió para poner a Sarah como personaje del año ella está agarrada como un eslabón más de una cadena a cientos de otros manifestantes. Y esa cadena cruzó océanos, desconoció idiomas, idiosincracias, derribó corporaciones e hizo tambalear gobiernos en pos de un futuro mejor. Y allí reside la fuerza de Sarah. Todos deberíamos ser como ella. Viviríamos en un mundo mejor.
Es ella sola, pero también son millones